Formación permanente

Más Testimonio de Vida Cristiana

Queridos amigos: Quizás muchos de vosotros os habéis sorprendido del anuncio de que en Cataluña quieren cambiar el nombre de la Navidad por el de vacaciones de Invierno y la Semana Santa por lo de vacaciones de Primavera. Yo ya no me sorprendo ni me escandalizo por nada. Además lo más importante no es el nombre, sino lo que hay detrás. Lo que realmente pretenden es borrar toda referencia cristiana de la sociedad y de la vida de los ciudadanos que componemos la sociedad. Esto sí que debiera preocuparnos y mucho, más que lo de los nombres, aunque a mí me encanta que la Navidad se siga llamando Navidad y la Semana Santa Semana Santa, aunque me encanta más que la Navidad sea lo que tiene que ser, una fiesta eminentemente cristiana y religiosa, donde el centro sea Jesús, no El Corte Inglés, las reuniones y las comilonas familiares y las juergas sin fin de jóvenes y no tan jóvenes. Sin querer vamos quitando las referencias cristianas de las fiestas tan entrañables de la Navidad y las vamos revistiendo de otras cosas, que sin ser malas, nunca deben ser el centro. La Semana Santa para muchos que se llaman cristianos hace ya mucho tiempo que dejo de ser Santa para convertirse en vacaciones de Primavera; por eso salen de estampida a la playa, a la montaña o a las casas rurales. Eso sí, acuden a alguna procesión si se tercia, pero eso de quedarse y comprometerse en sus comunidades cristianas de referencia para celebrar con fe y “horas extras” la semana más grande del cristianismo como que ya ha pasado a la historia. En la Misa de Jueves Santo en muchas parroquias se está “en cuadro”. Ahora en vez de recorrer “las estaciones” se recorren los bares y discotecas. El recogimiento del Viernes Santo ha quedado en el olvido y la celebración de la Vigilia Pascual…Del Domingo que es el día cristiano por excelencia sólo queda para muchos el mero nombre, porque ¿para cuántos que se siguen llamando cristianos el Domingo sigue siendo el día del Señor? Para muchos jóvenes es el día de la resaca de los excesos de las noches del viernes y sábado. Para otros es el día para coger la bicicleta o para ir al campo. Otros lo dedican a cocinar y limpiar la casa, porque como durante la semana estamos muy acupados…y El Señor ¿dónde queda? Veis, no hace falta que vengan algunos políticos de turno para cambiar el nombre a las cosas. Desgraciadamente muchos que se llaman cristianos ya lo han hecho antes, vaciando de contenido cristiano y religioso sus vidas. ¿Qué hacer ante esta situación lamentable y muy peocupante? Lo que hicieron los Apóstoles y los cristianos en los primeros tiempos. Estar muy enamorados de Cristo. Llevar a Cristo a todos los rincones y a todos los corazones. Contagiar al mundo del amor que tenemos al Señor. Este mundo debe empezar en nuestra familia, en nuestros trabajos, en los lugares de diversión y ocio, en las escuelas y universidades. Sólo siendo santos nosotros podremos santificar el mundo y sus ambientes. Menos escandalizarnos y más apostolado. El mundo nos necesita, pero nos necesita santos, no descafeinados y mundanizados. El Señor sigue contando con nosotros. No le defraudemos.

 

Sé de quién me he fiado

Queridos hermanos y amigos: paz y bien
La cuestión de la confianza es algo que aprendemos apenas abrimos nuestros ojos. Siendo como somos seres que nacemos en la más total dependencia, nuestros primeros pasos en la vida son fruto del mucho amor por parte de quienes más nos quieren, que deciden por nosotros pensando en nuestro bien. Y a base de dejarnos cuidar, terminamos por aprender qué significa vivir en un descuido; a base de experimentar el cobijo de quien nos protege por amor, llegamos a saber y a valorar agradecidamente el regalo de la confianza.
Esto ha pasado a nuestro lenguaje corriente, y los padres y los amigos nos avisan su cautela: fíate o no te fíes, cuando algo o alguien merodea nuestra vida. Así, una de las dádivas más hermosas que se nos pueden dar en la vida, es el tener cerca a alguien de quien podamos fiarnos. Una confianza tejida de gestos amables, de palabras sabias, de silencios elocuentes, de respeto maduro, de ternura delicada, de paciencia inmensa, de alegría sincera. Todos tenemos esta experiencia junto a las personas en las que hemos sido bendecidos, las que verdaderamente nos han querido.
Así le ocurrió a San Pablo, tan pagado de sí mismo y tan seguro de sus incertezas, hasta que se encontró con Cristo y sólo entonces pudo decir aquello que le valió por toda una vida: "sé de quién me he fiado" (2 Tim 1,12). Bien pudo él comparar sus falsas y fugaces confianzas de antaño, con la que encontró en el Señor, cuando sin cita previa, casi de modo fortuito pero sin duda providencial, Jesucristo se le cruzó en aquel día, a aquella hora, en su camino de Damasco cuando descabalgó para siempre sus desconfianzas para empezar a fiarse de Dios como con sus padres hacen los niños.
Esta frase de San Pablo y esta experiencia humana, es la que se nos propone este año en la Jornada de Oración por las Vocaciones, que siempre concurre en el cuarto domingo de Pascua. Pedir por esas vocaciones de especial consagración que coinciden con el sacerdocio y la vida consagrada. El Papa ha escrito un precioso mensaje para esta jornada, en la que se destaca que «creer en el Señor y aceptar su don, comporta fiarse de Él con agradecimiento adhiriéndose a su proyecto salvífico. Si esto sucede, "la persona llamada" lo abandona todo gustosamente y acude a la escuela del divino Maestro; comienza entonces un fecundo diálogo entre Dios y el hombre, un misterioso encuentro entre el amor del Señor que llama y la libertad del hombre que le responde en el amor, sintiendo resonar en su alma las palabras de Jesús: "No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure" (Jn 15, 16).
¿Quién puede considerarse digno de acceder al ministerio sacerdotal? ¿Quién puede abrazar la vida consagrada contando sólo con sus fuerzas humanas? Una vez más conviene recordar que la respuesta del hombre a la llamada divina, nunca se parece al cálculo miedoso del siervo perezoso que por temor esconde el talento recibido en la tierra (cf. Mt 25, 14-30), sino que se manifiesta en una rápida adhesión a la invitación del Señor, como hizo Pedro, que no dudó en echar nuevamente las redes pese a haber estado toda la noche faenando sin pescar nada, confiando en su palabra (cf. Lc 5, 5). Sin abdicar en ningún momento de la responsabilidad personal, la respuesta libre del hombre a Dios se transforma así en «corresponsabilidad», en responsabilidad en y con Cristo, en virtud de la acción de su Espíritu Santo; se convierte en comunión con quien nos hace capaces de dar fruto abundante»
El Señor os bendiga y os guarde.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca
03.05.2009 - IV Domingo de Pascua

La luz en la noche(Jn 3,14-21)

Había un miembro del Sanedrín, dignatario fariseo, maestro de Israel y versado en las Escrituras santas: Nicodemo. Él fue a hurtadillas en busca del verdadero maestro, tomando a la noche como cómplice amable, en sus tumbos y en su oscuridad de creyente peregrino. Lo que le preocupaba a Nicodemo era la salvación del hombre, el sentido de la vida. Jesús le dijo que había que nacer de nuevo y volver a empezar. Nicodemo no entendió mucho. Después tuvo que oir que hay que dejarse llevar por el Espíritu de Dios, ese Espíritu que no se deja controlar ni manipular, y que se parece al viento y a su libertad: que notas cuando viene, pero no sabes de dónde proviene ni a dónde te conlleva. Nicodemo siguió sin entender demasiado (Jn 3,1-13).

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